[crónica de sociales]

::registro periodístico de las resistencias y luchas en Jalisco

Ante las molotov, el alcalde pide paciencia

Publicado por cronicadesociales en Agosto 6, 2008

Iván Garcia, Público

Foto: Iván García, Público

Juan Sánchez justificó la falta de atención policial en Bugambilias: tienen vigilancia privada. Ratificó que su gobierno está atado de manos ante las denuncias vecinales

 

 

 

Vanesa Robles / Público, 6 agosto 2008

 

Una bomba molotov reventó el cristal de una casa y quemó las cortinas de la habitación de las niñas, hace una semana. A unas cuadras, en febrero pasado una camioneta había ardido. Hace un año también hubo fuego en lo alto de la colonia: donde hubo bosque, cenizas quedan. Ahí mismo —la casualidad existe—, un ejército de traxcavos desapareció una cañada protegida por las leyes federales. El bosque y la cañada serán sustituidos por una docena de cotos nuevos… y todo ocurre en el fraccionamiento Bugambilias, que hasta hace unos lustros se erigía como un símbolo de la exclusividad tapatía.

 

Paciencia: el alcalde de Zapopan, Juan Sánchez Aldana, pidió tiempo a los vecinos que han denunciado la situación y recibido intimidaciones —bombas molotov, por ejemplo—, y con quienes se reunió el lunes pasado.

 

Sobre la falta de atención a las agresiones, el presidente municipal argumentó: la policía de Bugambilias es privada; tiene contratos con el gobierno del estado de Jalisco, no con el gobierno de la ciudad. Sobre la desaparición paulatina del área boscosa, el alcalde lamentó estar atado de manos: los nuevos fraccionamientos fueron autorizados en administraciones pasadas, dijo. Hace unos meses, el regidor de esa ciudad Arturo Pellegrini señaló que los fraccionadores ya comenzaron su trabajo en la zona, por lo que es tarde para protegerla.

 

Lo que está en juego con todo el conflicto es una parte del pulmón natural y regulador del clima de toda la zona metropolitana de Guadalajara: el bosque La Primavera. Su cáncer se llama especulación inmobiliaria.

 

Ayer, el director de Ecología de Zapopan, Justo Osorno, admitió que no se sabe cuántos árboles han desaparecido en el cerro de Bugambilias, donde también se construyen un centro médico, una plaza comercial de cuatro niveles y ocho fraccionamientos. El servidor señaló que fue la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) la que hace años cambió el uso de suelo de la zona de forestal a habitacional.

 

Ayer, los vecinos que se niegan a que continúe la expansión de la colonia, agrupados en la asociación civil Transparencia Bugambilias, señalaron que otra dependencia federal, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), tampoco estuvo interesado en la conservación del área arqueológica que hasta hace unos meses existía en la zona.

 

La batalla en aquel lado de la ciudad va más allá de las áreas naturales y los vestigios. Igual que en las colonias más pobres de la zona metropolitana de Guadalajara, los habitantes de Bugambilias pelean el agua. En los últimos años, afirman, aprendieron el significado de tandeos y los experimentan dos o tres días de la semana.

 

El poblado entero se abastece de seis pozos de absorción, que administra la Asociación de Colonos Ciudad Bugambilias, según la concesión que le otorgó la Comisión Nacional del Agua, el 20 de junio de 1994, y que serían suficientes para el consumo de unas siete mil familias, indica el contrato. En la parte baja del cerro hay cuatro mil viviendas. En la colina y la falda que mira hacia la avenida Mariano Otero se planea construir 400 hectáreas, más la plaza comercial, más el centro de salud, según información de los vecinos de Transparencia Bugambilias.

 

Los quejosos acusan al presidente de la asociación de colonos, Rafael Padilla Siurob, de haber firmado contratos con los fraccionadores para cederles el agua que se paga abajo, y señalan al director de Participación Ciudadana de Zapopan, Carlos Alberto Rendón Valdés, de actuar a favor del acusado y de los fraccionadores, pues incluso el servidor público aparece en un comercial de la constructora DASA.

 

La Contraloría municipal investiga, mientras el alcalde Juan Sánchez pide paciencia y el fuego cruzado sigue su curso en Bugambilias.

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