Contar con la mina de hierro más rica no le ha servido a Ayotitlán para mitigar la pobreza
Jorge Covarrubias/ La Jornada Jalisco/ 30 Julio 2008
La ironía es el reducto final donde caben las respuestas a situaciones que de otra manera no podrían entenderse. Sólo así puede explicarse que haya pobreza donde la riqueza abunda como un diamante en bruto, al que sólo falta someterlo a un proceso de depuración. Es el caso de Ayotitlán (el ejido más grande del país), zona de mayor biodiversidad de Jalisco, cuna mundial del maíz y donde se encuentra la mina de hierro más rica de México.
Ninguno de estos elementos ha logrado mitigar la pobreza de las aproximadamente 88 comunidades que conviven en la región porque no son los nativos quienes explotan sus recursos naturales; son empresas mineras del país (Peña Colorada) y que han llegado del extranjero (Los Juanes) a extraer los ricos yacimientos de oro, plata y hierro.
Un nuevo problema se cierne sobre la región. Desde finales de la década de los 90, la alimentación de sus habitantes se ha visto alterada por el alto consumo de refrescos, frituras y dulces que llegan a montones a pequeños expendios localizados en todas las comunidades.
Por una extraña razón, los indígenas se han hecho adictos a la coca cola y a las sopas instantáneas. No hay prácticamente ningún alimento que no sea acompañado de esta bebida gaseosa, la beben adultos, ancianos y también los niños. La situación comienza a preocupar a la Unidad de Apoyo a Comunidades Indígenas (UACI) de la Universidad de Guadalajara, toda vez que dichas poblaciones registran altos índices de desnutrición en el sector infantil y obesidad en los adultos.